De aquí y De allá

Revista mensual Año 1 - Número 2 - Junio de 2001. Buenos Aires.

www.geocities.com/deaquiydealla2001

HISTORIAS DE VIDA

La expresión del sentimiento.
María Fux.

Por Monica Dombrover y Gladys Dominguez

María Fux es una artista de la danza, coreógrafa y danzaterapeuta argentina ampliamente reconocida en el mundo. Su carrera como bailarina comenzó muy precozmente. Bailó en el Teatro Colón y protagonizó importantes espectáculos en Estados Unidos, Polonia, Rusia, Perú, Brasil y Uruguay.

Consciente de la necesidad de ofrecer su ayuda los demás, hace 40 años creó una metodología centrada en la danzaterapia, a través de la cual brinda asistencia a gente sorda, con síndrome de down y con problemas físicos. Usa estímulos musicales y visuales donde las imágenes promueven que los sordos dancen en integración con los grupos.

Además dicta cursos de formación para transmitir la técnica de la danzaterapia a profesionales de diversas especialidades. La labor del danzaterapeuta consiste en integrar a la persona a través de la sucesión de movimientos, procurando darle confianza, e impulsar su creatividad. En Florencia, Milán y Madrid tiene centros de danzaterapia con su nombre a los que viaja todos los años para supervisar y orientar.

María Fux tiene cinco libros editados y el más reciente de ellos fue presentado en la última edición de la Feria del libro.

 

 

¿Cuándo comenzó a bailar?
Desde que nací. En el año 1942 hice mi primer espectáculo, en el Teatro del Pueblo y soy la creadora del método de danza terapia, para la integración de personas con problemas.
¿Cómo surgió esa metodología?
Nace de la creatividad. A partir de mis espectáculos, llevo el material a las clases y lo trabajamos con los alumnos.

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"Mi cuerpo es elástico, voy en busca de él".

¿Cómo se sintió la primera vez que trabajó con hipoacúsicos?
Sentí una emoción muy grande, una alegría enorme, es maravilloso ver como esa persona diferente transforma su mundo interno y lo expresa en el movimiento que va creando. Es una verdadera y profunda comunicación.
¿Qué la motivó?
Me lo produjo el deseo de conocer los límites corporales. Mi madre tenía una pierna sin rótula, tensa... rengueaba y quise aprender de ella, pero también, sentí la necesidad de conocer los límites de los sordos, debido a que valoro muchísimo el silencio. Mi curiosidad era saber si las personas se mueven porque escuchan la música, y eso las induce, o si se mueven porque lo sienten...
¡se mueven porque sienten!. Estoy convencida que el silencio posibilita la creatividad. Además pienso que todos somos diferentes; muchos creemos escuchar, y no escuchamos; muchos creemos ver, y no vemos; muchos no sentimos el cuerpo aunque tengamos todas las posibilidades y envejecemos por no movernos. Lo que me da ímpetu, es saber que soy un "Puente", yo no enseño nada, sino que estimulo las posibilidades que existen en todos.
¿Qué buscan los terapeutas que asisten a sus cursos?
¡Cada uno es tan diverso!... todos toman de mí lo que les sirve. Hay profesionales a los que les interesa la discapacidad, otros vienen por sí mismos. Cada uno busca lo que siente desde adentro.
¿En qué consiste su actividad?
Dicto seminarios de formación que duran tres años y tengo cursos permanentemente aquí y en Europa. Desde hace 25 años viajo y hago presentaciones en España e Italia. Mi método se está aplicando en Italia en tres centros importantísimos que llevan mi nombre. También en asilos de ancianos, cárceles de mujeres, en personas sordos, con síndrome de down. No se usan aparatos, ni es un trabajo mecánico. Lo principal es la creación que surge del interior de cada uno, exteriorizada en el movimiento.
¿Cómo le resulta supervisar los cursos en Europa?
Muy bueno. Cada uno de ellos me muestra videos de las actividades que realizan; así veo lo que he hecho bien y lo que he hecho mal; eso me enseña, me permite continuar aprendiendo.
¿Le dan suficiente difusión a su trabajo?
No. Hace muchos años fui directora de danza de un seminario en la Universidad, en el gobierno de Frondizi. Fue muy interesante, hasta que llegaron los militares al poder, y la cultura tuvo su oscurecimiento...
De todos modos he ido a los ministerios, para que este sistema se incorpore tanto en jardín de infantes como en la enseñanza primaria, secundaria y universitaria. Además, siempre estoy dispuesta y tengo la esperanza de que se me invite a participar.
¿Qué respuesta ha tenido?
Ninguna. El gobierno no me ha dado respuestas. La cultura en este momento está postergada. Todos los días hay gente organizada luchando para que se escuchen sus reclamos, para tener comida. ¿Cómo vamos a hablar de la danza?
¡Es más importante dar de comer, que los chicos tengan zapatillas y que vayan al colegio que pensar en la danza!.
¿Qué piensa que se debería hacer, para que las cosas cambien?
Formar gente. Es la gente la que va a producir el cambio. Fundamentalmente, no hay que quedarse, estancarse, perder las esperanzas. Algo hay que hacer. Yo, por ejemplo, trato de cambiar las cosas desde mi profesión.
¿Cuáles son sus proyectos?
Quisiera tener un equipo interdisciplinario con músicos, además de los terapeutas. Por otro lado, voy a cumplir 80 años, es un buen momento para resumir y hacer algún espectáculo. Quisiera hacer una presentación en Italia y luego aquí.
¿Qué mensaje le daría a los lectores?
Mi mensaje... quisiera decirle a los jóvenes que hay que seguir con esperanza, hay mucho por hacer. Me gustaría que todos entiendieran que desarrollar la creatividad y la participación hace de la gente mejores personas. 

Refugio cultural

En los días laborales la calle Callao es un caos: la gente va y viene, cada uno está en su mundo, corren, hablan casi a los gritos, el tráfico es infernal. En este contexto se ubica la escuela de María Fux. Parece mentira que sólo dos pisos separen a ese refugio del caos céntrico de la ciudad. Sólo hace falta abrir la puerta del ascensor para que los gestos que invaden nuestras caras cambien completamente. Es que las fotos del palier nos transmiten paz, tranquilidad y mucho amor. Gente bailando, alumnos demostrando sus conocimientos, imágenes de María Fux que recuerdan momentos de toda su carrera... todo sirve para despejar nuestras mentes y camuflarnos en ese ambiente de creación. Una vez adentro, ese sentimiento que minutos antes se había empezado a experimentar, se eleva a la máxima potencia. Ya no hay ruidos, bocinazos, gritos... sólo están el arte, la solidaridad y, sobre todo, las ganas de dar ayuda a los que la necesitan.

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a cura di Cristina Ciofini giugno 2001